Kuala Lumpur – Reencuentro y fiesta

En el helibar, con las Torres Petronas
Amamos Kuala Lumpur!
Amamos Kuala Lumpur!

Lo único que habíamos conocido de Kuala Lumpur en nuestra escala habían sido las Torres Petronas. Y según lo que otros amigos/conocidos nos habían dicho, no teníamos mucho más para hacer. Lo bueno fue que aquí iba a volver a encontrarme con Andrew, un chico malayo que había trabajado conmigo. Estuvo en Argentina a principios del 2014 y lo hice conocer la cancha de Lanús, etc.. Cuando le dije que íbamos a su ciudad, se comprometió a llevarnos a conocer un poco. No especificó qué.

Llegamos a Kuala Lumpur, capital de Malasia, luego de haber viajado en tren 8 horas desde Johor (ciudad frontera con Singapur). Viajamos en un vagón normal, con la luz prendida todo el viaje y olores varios, pero habiendo pagado 5 dólares cada uno. Desde KL Sentral, tomamos un taxi hasta la casa de Andrew que recién nos hizo pasar cuando pudo despertarse. Eran las 7.30 de la mañana! Después de los saludos y presentaciones (Matu no lo conocía) Nosotros nos acostamos en la habitación que tenía preparada para nosotros y él en la suya. Nos despertamos al mediodía y como no íbamos a verlo de nuevo hasta la noche, nos levantamos y salimos a conocer un poco el centro. También sabíamos que íbamos a estar con él hasta el domingo, por lo que aprovechamos a comprar los regalos ahora que estábamos solos.

La calle de las cosas truchas
La calle de las cosas truchas

Caminamos por el mercado central, el más limpio y ordenado que vimos, para comprar algunos imanes entre otras cosas. También fuimos al clásico barrio chino en Petaling St, en donde se venden tooodas las cosas truchas. De ahí, la idea era llegar caminando hasta la Mezquita Nacional, ya que en la de Singapur nos habían tratado muy bien.

Mercado Central de Kuala Lumpur
Mercado Central de Kuala Lumpur

Por eso, fuimos caminando hasta el Museo de música, luego visitamos el Merdeka Square que está enfrente, para cruzar un túnel y después llegar a la Mezquita. Igual que en la anterior que habíamos conocido, nos trataron muy bien y nos explicaron todo lo que queríamos acerca del Islam. También vimos que había una escuela abajo y parece que justo llegamos en la clase de música.

Después fuimos al museo del islam, donde hay maquetas de todas las grandes mezquitas del mundo, con muchas historias, ropa y otros objetos utilizados por los musulmanes.

Merdeka Square
Merdeka Square

Descansamos y nos bañamos en la casa de Andrew y salimos de vuelta a encontrarnos con él para cenar y luego ir a un cumpleaños de un amigo de él. Nos explicó todo sobre la comida, lo cual para Matu era muy importante ya que hasta el momento no habíamos hecho “turismo gastronómico” y se reía además de que yo no soporto el picante. Tampoco nos dejó pagar un centavo.

En el cumpleaños, nos presentó a todos sus amigos que nos recibieron muy bien, y nos sorprendimos de que todos hablaban en inglés entre ellos! Al otro día le preguntaríamos a Andrew y nos contaría que no era sólo para que entendamos todo sino que es normal que usen el malayo y el inglés para comunicarse. Por supuesto que no ganamos ninguno de los dos en el bowling y nos sentimos asaltados por las cervezas, que nos salían entre 10 y 15 dólares cada uno.

Cumpleaños en un bowling
Cumpleaños en un bowling

El cumpleañero no soportó la fiesta y quedó desmayado cuando estábamos por seguir. Así que nos fuimos para la casa de Andrew, Matu, Luli (una chica argentina que habíamos conocido en la Mezquita), y yo. Obviamente no nos levantamos temprano, pero nos pasó a buscar Flor (amiga de Luli) y los 4 nos fuimos a conocer las Batu Caves, un gigante conjunto de templos custodiados por una bandada de monos. Quizás es porque nosotros ya veníamos cansados de templos (ya lo dije en anteriores posts) pero no nos gustó mucho, sobre todo por el olor a orín de los primates.

Volvimos a ir a lo de Andrew para pegarnos una ducha, tomar algo y ver qué hacíamos a la noche. Nuestro amigo nos llevó a cenar a Jalan Alor, una calle muy turística con varios puestos de comida local, y por suerte estábamos con él, que nos armó un menú bien malayo y con cosas sin picante para mí! Durante esta deliciosa cena salió una gran idea, que luego se convertiría en anécdota. A todo esto, eran aproximadamente las 9 de la noche.

El plan era levantarnos temprano para ir a subir un cerro y ver el amanecer desde arriba. Para esto, debíamos levantarnos a las 6 de la mañana para estar 6.30 en la casa de un amigo de Andrew. El no tuvo mejor idea que decirle a su amigo que venga a donde estábamos nosotros, así tomábamos una cerveza y “tipo 2am” nos íbamos a acostar. Desde ya, el plan era imposible, aunque Andrew estaba muy orgulloso y contento de su idea. Fuimos a esperar al amigo a la zona de bares y entramos a uno colombiano. Después fuimos mudando hasta terminar en un boliche de música hindú! Fue una de las experiencias más bizarras que tuvimos, aunque nos divertimos demasiado. Todo terminó en la casa de Andrew a las 8 de la mañana. Parece que era la casa de la joda.

Metimos boliche de música hindú. Una locura.
Metimos boliche de música hindú. Una locura.

Nos levantamos al mediodía totalmente destruidos y haciendo chistes sobre lo cansador que fue subir el cerro y cómo nos dolían las piernas, aunque era resaca. A la tarde, fuimos a comer a un restaurant muy conocido, comida del sur de India (uno de los principales orígenes de la población Malaya) con la mano sobre hojas de banana. Qué picante todo… Terminamos comiendo helado de gula melaka (una especie de dulce de leche) y después tomando cerveza en el Helibar que está en el centro. Se vino la tormenta y nos escapamos. Terminamos en la casa de Andrew otra vez, con sus amigos y tomando unos tragos.

Finalmente, lo único que pudimos conocer de Malasia fue Kuala Lumpur y más en su faceta nocturna y con amigos viejos y nuevos. Una alegría reencontrarme con Andrew después de dos años de él haber estado en Argentina. Compartimos unos mates en su casa, tomamos fernet, por un momento volvimos a casa. La pasamos muy bien allí, y aunque a mí me gusta más llevarme recuerdo de lugares y cosas que de noches de fiesta, no estuvo para nada mal vivir la noche malaya.

El malayo más hincha de Lanús que existe.
El malayo más hincha de Lanús que existe.

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