Guatapé y la Piedra del Peñol

El Peñón de Guatapé

En nuestro primer día en Colombia fuimos recibidos por mi amiga y colega de trabajo Moni. Tenía ya todo un tour armado para darnos nuestro primer pantallazo del país y realmente fue demasiado. Nos llevó a conocer Guatapé y la Piedra del Peñol, ambos municipios en Antioquia. Todas las fotos de estos lugares son increíbles. Aprovechamos el día entero y nos enamoramos de Colombia desde el primer momento.

Salimos en la mañana bien temprano Lu, Moni con su novio Yesid y yo en su auto. Llovía como nunca y la niebla dificultaba ver el camino. Así que tardamos bastante en hacer los 79km que separan a Guatapé y El Peñol de Medellín.

La Piedra del Peñol

Luego de conocer la casa de una amiga de Moni y que nos hicieran un desayuno colombiano increíble, fuimos a conocer la famosa Piedra del Peñol o Peñón de Guatapé. Es explotado por una familia, Villegas, desde que un miembro de esta escaló la piedra por primera vez en 1954. La entrada al público cuesta 18.000 pesos colombianos. Equivale a poco más de 6 usd.

Peñón de Guatapé
Peñón de Guatapé

740 escalones separan la base de la cima, que está a 220mts. Cuando estamos en la base, ya tenemos más de 2000mts sobre el nivel del mar, por lo que es difícil la subida. Agitarse es seguro, y hay que tener mucha precaución de no subir rápido y cuidarse a uno mismo. Durante todo el trayecto hay espacios donde descansar. También teléfonos de emergencia. Es recomendable tener agua para tomar. Arriba hay tiendas de comida y bebida pero son más caros.

Las vistas que hay son sencillamente increíbles si uno solo mira. Si uno ve correctamente, puede aún sentir la tristeza de las personas que tuvieron que abandonar sus casas, su pueblo, para que se pueda construir el embalse El Peñol-Guatapé. Aún hoy se puede ver la cruz de la iglesia del viejo Peñol, que sobresale del agua.

Hay una pequeña réplica del pueblo viejo construida cerca y que se puede visitar. Hay muchos detalles, e invita a imaginar cómo era todo hasta los 70′ cuando se inundó toda esta zona con las aguas del río Nare a propósito.

Se ve la cruz todavía
Se ve la cruz todavía

El turismo en torno a este lugar es masivo. Todo el tiempo están llegando buses y autos para subir la piedra. Hay gente constantemente. Por esto debe ser que de un año al otro, aumentaron la entrada al doble del precio.

Llegamos!
Llegamos!

Guatapé, pueblo de zócalos

Apenas entrar a esta ciudad, uno se inunda de colores. Se empezó a dedicar al turismo luego de la inundación de los ´70 para la creación del embalse. Hay alojamientos y restaurantes de todos los precios y para todo tipo de personas. También está lleno de actividades para hacer, como una tirolesa que atraviesa el embalse mismo. Cerca hay una especie de parque de diversiones llamado Comfama.

Zócalos en todas las paredes
Zócalos en todas las paredes

Después de comer, estuvimos paseando por la ciudad. Todas las casas de un color distinto, y con los zócalos tan distintivos, que cuentan parte de la historia indígena de la ciudad. Algunos son de principios del siglo XX. Con sus escaleras, sus colores, su plaza principal y su iglesia, sin duda hacen de Guatapé un pueblo único y hermoso.

También, se puede caminar por el malecón disfrutando del paisaje y probando todos los postres y comidas que se venden allí. Lo mejor para mí, es darse cuenta que uno está en un pueblito metido entre las montañas, a orillas del mar interior de Antioquia, cómo llaman ellos el embalse.

Empanaditicas

Almorzamos una bandeja paisa, el plato tradicional antioqueño, aunque la nuestra venía con algunas cosas menos. No traía ni chicharrón, chorizo o carne molida. Solamente teníamos la carne asada, arroz, ensalada, una arepa y la tajada de maduro. Con lu pedimos una cada uno y no pudimos seguir más allá de la mitad. Estábamos tan llenos que ni siquiera cenamos ese día.

En el malecón, Yesid con toda su buena onda nos hacía probar todo. Nos invitó a unas empanaditicas, bien diminutas que estaban 150 pesos colombianos. Imagínense el tamaño.

Nuestro almuerzo
Nuestro almuerzo

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